Mehta, Zhu y Cheema (2012) publicaron un estudio emblemático en el Journal of Consumer Research que examinó los efectos del ruido ambiental en la cognición creativa. A lo largo de cinco experimentos, el ruido ambiental moderado (unos 70 dB, típico de una cafetería) mejoró el rendimiento en tareas creativas en comparación con un ambiente silencioso (50 dB). El ruido alto (85 dB) perjudicó la creatividad.
El mecanismo propuesto: el ruido moderado aumenta la dificultad de procesamiento, lo que induce un nivel de interpretación más alto (pensamiento más abstracto), lo que mejora la creatividad. El cerebro trabaja un poco más para mantener la concentración, y ese esfuerzo extra amplía, paradójicamente, el alcance del pensamiento asociativo.
Awada et al. (2022), en un estudio publicado en Scientific Reports, encontraron que el ruido blanco de 45 dB mejoró la atención sostenida, la precisión, la velocidad y la creatividad (65 % frente a 51 % en condiciones ambientales) en adultos jóvenes neurotípicos.
Este estudio usó población general, no participantes con TDAH. Ningún estudio ha evaluado el ruido de cafetería específicamente en personas con TDAH. El componente de murmullo de voces del ruido de cafetería puede interactuar de otra forma con la atención en el TDAH, ya que el efecto del habla irrelevante muestra que el habla inteligible distrae, mientras que el murmullo ininteligible (varias conversaciones superpuestas) es inofensivo.